Me he quedado así, de pie en la ducha contemplando el
mismo azulejo por horas, tal vez minutos, tal vez segundos, pero que se han
sentido como eternidad. He pensado en ti y en todas las copas de los árboles
que observo cuando camino hacia tu casa; descalza y con las manos frías, con la
boca en llamas y la panza aturdida. He recordado que tu voz me hace más fuerte,
que tus manos rozando mi cabeza calman mis temores, ahuyentan monstruos
feroces. He imaginado que sólo mi piel tiene el poder de ver tu alma, más allá
de las poses, las heridas y los miedos. He sentido tu nariz cerca a mi cuello
tratando de memorizar mi aroma por si la partida es pronta, por si reaccionamos
antes de tiempo y decidimos decir adiós. Después de todo esto (con certeza hay
cosas que he omitido), he querido salir corriendo. Pero no para alejarme, sino
para ir a buscarte, encontrarte y besarte. Olvidar el mundo y pensar en tu
sonrisa.
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