Y qué bueno sería
deslizar mis manos
por tu pelo
por tus hombros
por tus restos hambrientos
de mí
de mi olor
de mi sudor.
El espacio
se reduce.
Sin darnos cuenta
el fin se acerca
damos vueltas
una y otra vez
hasta que
caemos descubiertos
por la luz del medio día.
El espacio
ya no existe.
Nos vemos
postrados
mezclados
disueltos
sintiendo un sabor
agrio
delicioso
y posiblemente fugaz.
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