Hola Abuelilla, seguramente te sorprende que te escriba -sobre todo a mano-, pero me parece una de las maneras más bonitas de transmitir lo que uno piensa.
Abuelilla, siempre, desde muy pequeñita, desde que tengo uso de razón, te he admirado. Para mí, eres la mujer más libre, más llena de energía y más noble en el mundo -además de mi madre, claro está-.
Tal vez no lo sepas, pero has sido una gran influencia para mí y mi forma de concebir el mundo.
Gracias a ti trato de verle el lado positivo a todo lo que pueda parecer malo. Gracias a ti observo a las personas e intento ver más allá de lo superficial en ellas, intento ver su corazón. Gracias a ti aprendí que nadie es dueño de la verdad, que no hay que cansarse nunca de buscar y asimilar diferentes puntos de vista respecto a cualquier tema. Gracias a ti no sé odiar, porque sé que el odio solo nos enferma; en cambio sé perdonar y dejar ir lo que hace daño, aunque muchas veces sea difícil. Gracias a ti me amo tal y como soy, amo cada átomo de mi cuerpo. Gracias a ti sonrío a pesar de estar triste, porque me enseñaste que todo pasa, que todo está en la mente.
Pienso que de ti he heredado esa intensidad para amar a las personas, esa capacidad de asombro ante las cosas más simples del mundo y esa ingenuidad que a pesar de los años no se quita.
Te quiero tanto, Abuelilla! Gracias por todo tu amor, por todas tus palabras de aliento y por todas las oraciones que elevas por mí a esa energía que mueve el mundo.
Eres la mejor Abuelilla de la Vía Láctea!
Tu primera nieta, Lucía.