Contó la vuelta número 108 en la cama cuando decidió levantarse, dejar el lecho de espuma y resortes, y caminar, como quien busca salvarse, a la cocina. Llegó después de dar 23 pasos descalzos. Abrió la puertita superior del repostero, sacó la caja pintada a mano donde se almacenaban casi como una minuciosa colección infinitas variedades de té. Todo esto porque quería dejar de extrañar.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)